Estrés y ECV

La Asociación Americana del Corazón (AHA), reconoce al estrés como un factor de riesgo para el corazón, que a través de diversos mecanismos determina cambios en la frecuencia cardiaca y disminución en el diámetro de las arterias al promover su contracción sostenida. Las personas con estrés crónico modifican su comportamiento, adquiriendo hábitos nocivos como el comer azúcares en exceso y fumar, lo que predispone al desarrollo de eventos cardiovasculares como el infarto.

Es por lo tanto, una respuesta a la tensión acumulada, que libera adrenalina, la cual actúa en las paredes vasculares y causa en forma crónica hipertensión; cuando este trastorno esta fuera de control y en niveles críticos de riesgo, puede condicionar la ruptura de un vaso sanguíneo (por ej. Hemorragia cerebral) o la aparición de un evento vascular oclusivo (coronario o cerebral).

El estrés laboral que resulta de una demanda excesiva en el lugar de trabajo puede aumentar hasta en un 46% la progresión de la aterosclerosis en individuos con personalidades altamente reactivas al estrés.

La combinación del estrés asociado a un trabajo muy demandante con una personalidad reactiva, se traduce en un engrosamiento de las paredes internas de las arterias carótidas y de las placas aterosclerosas que se alojan en su interior y obstruyen progresivamente el flujo sanguíneo. Ambos factores son marcadores del progreso de la enfermedad aterosclerosa que subyace en las enfermedades cardiovasculares.

Aunque es difícil estimar cuántas personas están en riesgo de sufrir enfermedad coronaria a causa del estrés laboral, el más reciente análisis del estudio Interheart permite estimar que entre un 20 y un 30% de los ataques cardíacos son atribuibles al estrés psicológico.
El estrés psicológico actúa por dos caminos distintos En forma indirecta, el estrés se asocia a una pobre adherencia a estilos de vida saludables y a los tratamientos médicos; en forma directa, el estrés ocasiona la constricción de los vasos sanguíneos, una mayor formación de coágulos sanguíneos, presión arterial elevada, una mayor resistencia a la insulina y diabetes.

El estrés psicológico activa el sistema psiconeuroendocrinológico, lo que da lugar a la aceleración del pulso y un incremento de la presión arterial, así como también la liberación de ácidos grasos y de catecolaminas.

El ejercicio y la psicoterapia son fundamentales para el tratamiento a largo plazo. El cambio de estilo de vida, difícil de obtener, debe ser el objetivo final de todo tratamiento, lo que significa un correcto manejo de la carga laboral, del tiempo y del dinero.La necesidad de descanso semanal y anual es muy importante, y una de las formas de lograrlo es reforzando los lazos interpersonales y familiares.

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